domingo, 6 de marzo de 2011

1. Mañana extraña

Todo estaba oscuro, una pequeña luz empieza a alumbrar el espacio que no parece tener fin. Estaba sola, de las sombras sale una niña pequeña con la cabeza agachada. Susurraba algo que no conseguía descifrar. Cada vez lo decía más alto y ahora si lo entendía:
- Todo va a acabar, todo va acabar…
Parecía que lo estaba cantando. Repetía una y otra  vez la cancioncilla cada vez más alto, ahora gritaba.  Se paro en seco y levanto su cabecita. Su rostro era redondo y sus ojos verdes aunque cambiaron de color y ahora eran rojos y amenazantes. Era una niña preciosa, hubiera corrido a abrazarla de no ser por esos ojos. Me miro fijamente. Empezó a acercarse a mí, pero a los tres pasos paró.
-         La muerte es la solución...
Seguía cantando y repitiendo la frase una y otra vez. 
Hizo algo que jamás me hubiera imaginado. De su espalda saco un pequeño cuchillo y se empezó a acercar a mi. El pánico me impedía salir corriendo. Cuando estuvo lo bastante cerca de mi como para clavármelo, levanto su bracito dispuesta a clavármelo en el corazón. El cuchillo estaba casi rozándome.
 Me desperté en un sobresalto. Mire el reloj, eran solo las seis. Intente seguir durmiendo pero era inútil. Ese sueño tan extraño me había desvelado. No me quedaba otra opción, así que me levante.
No tenía hambre, y ya sabia lo que me iba a poner…. ¿Qué podía hacer? Me fui al baño. Me duche tranquilamente, para hacer tiempo. Cuando salí eran las seis y cuarto, todavía tenia mucho tiempo. Ya que estaba en el baño me lave el pelo, me lo seque y me lo planche. Me fui a mi cuarto y me vestí con unos vaqueros, una camiseta, una sudadera y mis zapatillas.
El estomago gruñó. Baje sin hacer ruido para no despertar a mis padres y a mi hermano. En la cocina me prepare un tazón de leche y le eche mis cereales favoritos. Estaba delicioso. Me tome mi tiempo, no tenia prisa así que deba igual lo que tardara.
Cuando acabe me cepille los dientes. Y luego me peine. ¿Y ahora que hacia? Me senté en mi sofá y puse la tele pero no había nada interesante. Recordé que mi cuarto estaba desordenado. Ya tenía algo que hacer. Subí despacio. Mire mi cuarto. << No esta tan desordenado como dice mamá>> pensé para mis adentros. Pero claro ese era mi punto de vista que es muy distinto del de mi madre. No me demore mas y comencé a recoger.
Eran las siete y cuarto, todavía me quedaban cuarenta y cinco minutos y ya había terminado de recoger. Encendí mi portátil y mire mi correo. No tenía nada. El destino no estaba conmigo este día. Cogí un libro de mi estantería y empecé a leer. Ya me había leído ese libro pero no se me ocurría otra cosa que hacer. No le estaba prestando ninguna atención, pensaba en como le iría por ahora el día a Cris. Según ella siempre empezaba mal el día o alguien se lo hacía empezar mal. Ojalá hoy no pase lo de esos días y venga al instituto feliz. Pero eran tantas las cosas que iban mal que ni yo que era positiva, veía que hoy fuera a ser un buen día. Al contrario mi instinto me decía que hoy iba a pasar algo malo. Eso no me gustaba nada porque siempre que tengo un presentimiento se acaba cumpliendo…. Me gustaría de vez en cuando presentir cosas buenas…
Me olvide de eso y mire el reloj. Las ocho. Cogí mi mochila y me fui al instituto. La calle estaba…extraña si extraña esa es la palabra. Normalmente la calle no estaba solitaria y siniestra. Me entro un escalofrío. Mala señal. Comencé a andar, no se escuchaba nada, ni siquiera el canto de los pájaros. Algo pasaba, y yo lo notaba, me estaba empezando a preocupar. No me di cuenta de que cada vez iba más rápido, casi corría. Miraba a todas partes, por si acaso.
Sentía que alguien me estaba siguiendo, podía oír sus pasos cada vez más cerca de mí. Corrí todo lo deprisa que puede, pero aun  así sentía que me seguía aun. ¿Qué quería de mí? No me iba a quedar a comprobar que era. Ni siquiera mire hacía atrás. Tenía demasiado miedo.
Pronto todo acabo. Estaba en la puerta del instituto, llena de gente como era de esperar. Si quería hacerme algo había perdido su oportunidad, ahora estaba en un lugar lleno de testigos. Comprobé si algunas de mis amigas me esperaban. No había nadie que yo conociera. Entre sin detenerme a pensar. Por una vez en mi vida me alegraba de estar en el instituto.
Espere en la puerta de la clase a que llegara alguien. La espera no se hizo muy larga ya que tenia algunas cosas en las que pensar. En mi cabeza solo había preguntas. ¿Quién era ese tío? ¿Qué quería de mí? ¿Por qué estaba allí? Todo era muy confuso. No tenia respuesta a ninguna de las preguntas y eso me ponía nerviosa. Si me hubiese girado y le hubiese visto la cara ya tendría algo de información. ¡Estúpido miedo!
Pronto llegaron Patricia, Elena y Sara. Patricia venia enfadada. ¿Que le habrá pasado?
-Patricia, ¿qué te pasa? – se lo dije con dulzura porque sino no me respondería.
-Nada…
-¿Estas segura?
-Bueno si, que ayer estuve hablando con Cris y me puso de los nervios. ¡Nunca he visto una chica tan pesimista!
-No estés así por eso, ya sabes como es ella, lo mejor es que te olvides del tema y ya esta.
Asintió.
Genial mis predicciones se habían cumplido algo malo había pasado. Decidí que lo mejor era que yo también olvidara el tema  hasta que llegara Cris.
-Eli ¿al final fuiste a comprar ayer?
Me gire para ver quien me llamaba, era Elena por supuesto, típico en ella preguntar eso.
-No, al final no pude, intentare ir hoy. Espero que no hayan quitado la ropa que ví el otro día.
-Ah. Pues yo también quiero ir. ¿Quieres que quedemos y vamos juntas?
-Claro. ¿Quedamos esta tarde? Luego te digo la hora- le sonreí, me encantaba ir de tiendas con ella.
-Vale – ella también sonrío.
Cris llego con la cara larga. Me hizo un gesto para que fuera a su lado. Me dirigí hacía ella. ¿Qué le pasaba? Parecía estar peor que otros días.

1 comentario:

  1. El sueño de Eli me recuerda a una de esas peliculas tipo psicosis... ahhh! no soporto esas pelis, pero me ha dejado con la intriga, muy buena historia.

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